Las
migraciones ocurridas a partir de la década del 50
fueron
motivadas por razones, políticas, económicas y sociales.
(Por Andres Pascacio Dolorier)
Actualmente es imposible entender el Perú, sino no se entiende el tema
de la migración, pues fue el traslado de personas del ámbito rural a la
capital, fue un hecho y fenómeno crucial en la mitad del siglo XX. Entonces
aparecen factores como la modernización donde concita un gran interés y el
abandono paulatino del campo, causa de ello se fortalece el centralismo, el
desborde popular. Según José Mato Mar1, las estadísticas oficiales
demuestran que en 1975 el 71 % del número de establecimientos industriales se
concentraba en la Capital de la República. Más aún, cerca del 75% del valor
bruto de la producción y el 70% de los puestos de trabajo de esa actividad se
generaban en el departamento de Lima. A pesar de la gran importancia económica
de esta región, su desenvolvimiento no absorbió mano de obra al ritmo que
exigía su crecimiento urbano. Sin embargo, la migración trae consigo la
exclusión, la discriminación, la desigualdad social y la falta de identidad.
Este tema genera un repertorio de estudios en el ámbito antropológico,
histórico y sociológico; más aún que hay contexto social, político y económico;
por tanto, se debe hacer una radiografía del Perú a partir del año 50. A
continuación cito la controversia, ¿crees que, en la actualidad, existen
consecuencias sociales por dichas migraciones?, mi postura es a favor.
Seguidamente fundamentaré mis tres argumentos.
En
primer lugar, considero sí actualmente existen consecuencias sociales por
dichas migraciones, dado que ha dejado huella el tema de la desigualdad social,
pues las diferencias de clases han conllevado a la marginación, donde no puede
darse una distribución justa. Según John Rawls2 (1995) “colocó el
ideal de una sociedad menos desigual y el tema de la justicia en la agenda de
la filosofía política, y respondió con ello a las imperantes ideas del
utilitarismo. Las instituciones básicas de una sociedad, no debieran
distinguirse simplemente por ser ordenadas y eficientes, sino, sobre todo, por
ser justas”. Solo con citar el tema de la salud, un hospital que no tiene la
infraestructura, ni los especialistas y no cuenta con las medicinas se percibe
más en las barriadas y/o asentamientos humanos.
Siguiendo
con John Rawls, él sostiene que, para alcanzar un adecuado nivel de vida
social, se requiere desarrollar plenamente dos facultades morales: el sentido
de justicia —es decir, la capacidad para entender, aplicar y obrar según los principios
de una justicia política que define los términos equitativos de la cooperación
social— y la concepción del bien o la capacidad de poseer, revisar y perseguir
racionalmente una concepción de “lo bueno”. El contraargumento a dicha postura
es que aspecto social se ha propiciada con las leyes la inclusión de personas
desfavorecidas económicamente, el programa Beca 18, Pensión 65 y los programas
sociales que permitan destacar la presencia del Estado en zonas vulnerables.
En
segundo lugar, considero sí actualmente existen consecuencias sociales por
dichas migraciones, porque ha propiciado la informalidad, esto ha traído como
consecuencia una baja calidad del empleo. El INEI (2019) en el periodo de abril
2018 y marzo de 2019, reportó en su Informe Técnico de Mercado Laboral un total
de 8 millones 646 mil 200 personas empleadas en el sector informal, 239 mil
personas más respecto al periodo anterior. De acuerdo con este reporte, el trabajo
informal es cada vez más alto en los distintos dominios geográficos. Esto causa
una vulneración al desarrollo y al progreso de una sociedad.
Por
otro lado, Sánchez y Chafloque (2019), la informalidad es de carácter nacional.
Lima Metropolitana presenta los mayores índices de informalidad seguida por la
sierra sur y la selva donde el incremento ha sido considerable en los últimos
años. Esto último muestra la importancia del comercio informal en las economías
regionales, especialmente en aquellas en zonas de frontera. El contraargumento
es que se busca a través del Ministerio de Promoción y del Trabajo formalizar a
las Mypes, darles capacitaciones, incentivando a los microempresarios a
invertir más y generar más puestos de trabajos formal.
Finalmente,
considero sí actualmente existen consecuencias sociales por dichas migraciones,
puesto que origina la desigualdad económica, esto trae una honda repercusión
pues se observa un alto índice de taza de pobreza (la pobreza extrema es el
índice más crítico) no se puede generar una reducción de la pobreza. Para Bourguignon
(2002) formaliza esta noción con lo que denomina el triángulo
“pobreza-crecimiento-desigualdad”, en el que propone que la reducción de la
pobreza es una función directa del crecimiento, la distribución inicial de los
ingresos y los cambios en esta distribución. En un estudio realizado sobre 50
países en desarrollo, encuentra que la distribución del ingreso tiene un doble
efecto sobre la reducción de la pobreza. Por un lado, una permanente reducción
de la desigualdad reduce directamente la pobreza; por otro, contribuye a
aumentar la sensibilidad de la tasa de reducción de la pobreza con respecto al
crecimiento. El contraargumento es que existe una institución independiente que
es el BCR que se encarga de contralar la inflación y el INEI responsable de
normar, planear, dirigir, coordinar y supervisar las actividades estadísticas
oficiales del país.
El Perú es
un país pluricultural y multilingüista, y esta línea se ha formado los
cimientos de la identidad, la inclusión y la igualdad en los derechos del
ciudadano, es un paso transcendental para generar un bien común y una mayor
integridad. Además, se debe gestar políticas distributivas que fomenten la
equidad.
La
inclusión es un factor social es positivo, pues hay una confluencia de raíces e
identidades culturales. Por lo que las condiciones de las zonas urbanas eran
totalmente diferentes a las zonas rurales, dado que la migración masiva trajo
consigo los asentamientos humanos, las barriadas, la informalidad y la cultura
chica. Esta última, como señala Quispe en su texto “La cultura chicha en el
Perú”, es la mixtura de todas las culturas peruanas anidadas en la ciudad; no
es exactamente andina, aunque lo es mayoritariamente, tampoco es propiamente citadina
sino más bien es la mezcla de todas las culturas incluida la criolla
limeña.
El
migrante se tuvo que adaptar a la capital, perdiendo su propia identidad
cultural, sus raíces folclóricas y su propia lengua. Para José Mato Mar (1986)
En su libro El desborde popular y la crisis del Estado, el migrante tuvo que
adaptarse al contexto que le ofrecía la ciudad y encontrar soluciones dentro de
las posibilidades dadas por su experiencia previa. Tenía dos opciones:
someterse al sistema legal imperante aceptando la falta de techo o violentar
los límites del sistema establecido. Su origen, así como su situación frente a
la estructura social urbana y los mecanismos existentes en la "Ciudad
Legal", que están ligados a un sistema de poder que se expresa a nivel político,
social y económico, determinó que decidiera por la segunda opción, es decir la
invasión de áreas marginales posibles de ser urbanizadas.
Bibliografía
F.
Klarén, P. (2014). Nación y sociedad en la historia del Perú: ( ed.). Lima,
Peru: IEP Ediciones. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/utpbiblio/79394?page=335.
Reyes Zamora, David. Reto bicentenario: una
mirada a las fracturas que limitan el desarrollo del Perú tras la pandemia.
Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC).
Tanaka,
M. (2018). 50 años pensando el Perú: una reflexión crítica: el Instituto de
Estudios Peruanos, 1964-2014: (ed.). Lima, Perú: IEP Ediciones. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/utpbiblio/79531?page=48.
1 Matos Mar, José. Desborde popular y crisis
del Estado: el nuevo rostro del Perú en la década de 1980. Lima: IEP, 1984.
2
Cotler, J. (2011). Las desigualdades en el Perú: balances y críticas: (ed.).
Lima, Perú: IEP Ediciones. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/utpbiblio/79463?page=36.
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